lunes, 14 de julio de 2008

UNA TUNICA Y UN CUENCO

Nieve fresca de la mañana enfrente del santuario

¡los árboles!  ¿están blancos de flores de melocotón?

o¿blancos de nieve?

los niños y yo tiramos jubilosamente bolas de nieve

Un estrecho sendero rodeado de un bosque denso

por todos lados las montañas reposan en la obscuridad

las hojas del otoño ya se han caído

no llueve pero las rocas siguen obscuras de musgo

De vuelta a mi ermita por un sendero conocido por pocos

llevo una cesta de setas frescas

y una jarra de agua pura del manantial del templo

La lluvia ha cesado, las nubes se han disipado

y el cielo está claro de nuevo

Si tu corazón es puro 

toda las cosas de tu mundo son puras

Abandona este mundo efímero

abandona el tú mismo y

la luna y las flores te guiarán a lo largo del camino

(una túnica y un cuenco, poemas Zen de Ryokan)

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